sábado, 28 de junio de 2014

VIII ENCUENTRO CÍVICO ALIMENTARIO

Arkaute 26 de junio 2014
Textos y reportaje gráfico de Alberto Lopez de Ipiña, Presidente del Convivium Araba -Álava de Slow Food.

Un año más hemos estado en la Organización del el Encuentro Cívico Alimentario en esta ocasión en su VIII edición, Slow Food Araba-Álava junto a Neiker-Tecnalia, el Foro Rural Mundial, el Instituto Agrario de Arcaute y la Fundación Zadorra, promotores de esta iniciativa, pretende poner la alimentación en el centro del debate, y buscar el encuentro entre consumidores y productores. Además se ha contado con el apoyo, colaboración o patrocinio de IDF, el Centro de Estudios Ambientales, Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, Diputación Foral de Alava y Gobierno Vasco.

Mientras que en anteriores ediciones se ha celebrado en distintos barrios de la ciudad de Vitoria-Gasteiz, en esta ocasión, y coincidiendo con el Año

Internacional de la Agricultura Familiar 2014, se ha optado por acercar la ciudad al Campus Agroalimentario de Arkaute.
Según estimaciones de la FAO, aproximadamente el 98% de las explotaciones del mundo son familiares o de pequeña escala y suponen todavía el 56% de la producción agrícola. Aquí, en nuestro entorno más próximo, la falta de relevo generacional supone un grave problema para la sostenibilidad de la agricultura y la ganadería, pero últimamente se viene observando un creciente interés por el emprendimiento en actividades relacionadas con la producción, elaboración y comercialización de alimentos y ese ha sido uno de los objetivos que se pusieron encima de la mesa del Laboratorio del Gusto de Slow Food.
Antes del mismo se presentaron in situ tres experiencias de I+D+i que se están desarrollando desde un enfoque agroecológico: horticultura ecológica y gestión del agua orientada hacia la instalación de nuevos profesionales; el uso de la colza de forma integral para reducir emisiones de gases de efecto invernadero tanto de la agricultura como de la ganadería (Proyecto LIFE + SEEDCAPITAL) y la innovación en las prácticas de pastoreo orientadas a mejorar la fertilidad del suelo (Proyecto LIFE + REGEN FARMING).
A continuación, y en el marco de las actividades que el Foro Rural Mundial está organizando con motivo del año internacional de la Agricultura Familiar se proyectó el cortometraje titulado “Agricultura Invisible”, 
El año Internacional de la AF es una buena oportunidad para debatir sobre el papel que desempeña la agricultura en una sociedad que ha cambiado sus demandas respecto a la alimentación y que observa el medio rural con nuevas expectativas. También es una buena ocasión para pensar sobre la diversidad de modelos agrícolas existentes en nuestras latitudes y para aportar algunas ideas sobre la evolución que ha seguido la que antaño fue un modelo familiar de agricultura, pero que ha perdido gran parte de esas características aunque aún conserve rasgos distintivos respecto de las empresas agrarias de base capitalista.
Si nos atenemos al grado de aceptación que recibe la definición que da la FAO, parece existir consenso en torno a la idea de que la AF es un modelo basado en explotaciones en las que la mayor parte del trabajo agrario es realizado directamente por el titular y su familia, contratando solo de manera excepcional (y por lo general, de modo estacional) trabajo asalariado.
El marco de referencia de la agricultura ha experimentado importantes cambios, debido a las profundas transformaciones sociales, económicas y políticas que acontecen en las sociedades industriales avanzadas. En el nuevo escenario coexisten una pluralidad de modelos de agricultura, cada uno de ellos cubriendo espacios determinados de vialidad para satisfacer viejas y nuevas demandas de la población. La tradicional función productiva en materia de alimentos y fibras sigue ocupando un importante espacio en el mundo agrícola y ganadero, coexistiendo modelos convencionales de agricultura, redimensionados y adaptados a las nuevas exigencias de los mercados, con modelos alternativos en línea con las nuevas demandas sociales (agricultura ecológica, slow food….) 
 Sin embargo, junto a esos sistemas de producción se desarrollan nuevos modelos de agricultura que no están basados en las actividades productivas, sino en otras dimensiones (culturales, educativas, sanitarias, ambientales, paisajísticas…), y que ofrecen a los agricultores un campo de oportunidades aún por explorar.
La agricultura se ha hecho más diversa y plural, y, en consecuencia, los intereses implicados en ella trascienden el ámbito de los agricultores y sus tradicionales organizaciones profesionales para adentrarse en asuntos menos sectoriales que afectan al conjunto de la ciudadanía. Con ello, los agricultores dejan de ser el grupo aparte y singular de antaño que vivía protegido por el paraguas de las políticas agrarias de tipo sectorial, para adquirir un estatuto pleno de ciudadanía, con lo que ello significa de adaptarse aun escenario de mayor complejidad en incertidumbre.
En ese escenario, las respuestas de los diversos modelos agrícolas difieren según que guíen sus decisiones y estrategias de función de lógicas exclusivamente económicas (marcadas por la
búsqueda de rentabilidad en los mercados agrícolas y/o por la emergencia de nuevas oportunidades de negocio) o de lógicas que incluyan también criterios de reproducción social (marcadas por el objetivo de garantizar el autoempleo en las explotaciones).
Con motivo de Año Internacional de la AF, se han planteado, en este for algunas claves del debate sobre la vigencia de este modelo agrícola en los países desarrollados, y se ha analizado el modo según el cual estas explotaciones se posicionan en el nuevo contexto de cambios económicos y sociales. El análisis muestra cómo en algunas áreas este tipo de explotaciones tienen más capacidad para satisfacer las demandas y expectativas de los ciudadanos gracias a su mayor integración en el territorio, mientras que en otras presentan menos ventajas de agricultura debido a su menor escala. 
 Por otro lado los huertos familiares han sido durante siglos el refugio de una buena parte de la biodiversidad agraria y el punto de encuentro de varias generaciones de una misma familia que ha permitido la transmisión de conocimientos, técnicas y prácticas junto a la de los recursos genéticos. Los huertos familiares, tanto en España como en otros países presentan en común sus reducidas dimensiones, forzada en muchos casos por la propiedad de la tierra o el tiempo que la familia puede asignar al cuidado del huerto. En buena parte se trata de huertos en tierras que no son propiedad de los que lo cultivan. Incluso se han descrito casos similares ante los esclavos africanos en América. El paso de aquellos huertos familiares a los nuevos huertos de ocio y huertos urbanos se ha dado sin transición, pero curiosamente van convergiendo ya que volvemos a encontrar el intercambio de semillas entre amigos y familiares, la recuperación de variedades casi olvidadas, la selección de plantas madre, es decir el cultivador y productor vuelve a ser obtentor. Parece como si la propia existencia de los huertos familiares nos llevara por el camino de la biodiversidad agraria. Una diferencia notable es que por ahora gestionar bien o mal el huerto no supone la diferencia entre comer o pasar hambre y otra es que en Europa los huertos son cada vez más individuales o sociales pero no familiares. Es infrecuente ver juntos a los abuelos y los nietos trabajando en el huerto y, en consecuencia, compartiendo conocimientos y recursos genéticos.

(Revista Ambienta nº 107 Junio 2014) 
Todos esto asuntos que hemos tocado fueron aparaciendo en el Laboratorio del Gusto que dirigió Jose Antonio Arberas y en el que participaron como ponentes Adolfo Martínez de Santos que está al frente de una explotación familiar en Gilarte; a Adofo le acompañó su hijo Julen transmitiendo un caso de relevo generacional, Eduardo Ochoa de Aspuru, profesor de Egibide, Alvaro Janardo , responsable del Asesoramiento y Gestión Asistencial de la Residencia Goizalde. Mientras se exponían las diversas experiencias el personal de Slow Food fue ofreciendo tres creacciones: una ensalada con los frutos del huerto ecológico de la Escuela de Arkaute, una crema de verduras ecológicas de Ana Pérez de Arrilucea de Erentxun y una albóndiga de Terreña de Gilarte. Estos tres pinchos fueron maridados con vino ecológico de Bodegas Cándido Besa.

 Vitoria-Gasteiz, 27 de junio de 2014

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